2.0.1.2.

Ella bailaba en un ritmo que nadie podía imitar. Una música de silencios deformes. De a ratitos parecía estar queriendo subir hacia alguna superficie y emitir palabra entendible, comprensible.

 

Todo su ser era esa cosa que puede asemejarse a las profundidades acuosas, aunque no es posible que sea de unas aguas tan simples. Todo su ser era barro de mar, aunque el barro era lo único que nosotros desde la precariedad de la limitada vista humana podíamos divisar y ahora intentar transmitirles a ustedes algo de todo aquél tiempo.

Pero más abajo del barro… ¿qué cosas hay?

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Un pensamiento en “2.0.1.2.

  1. Sábado a la noche, ¿quizás? …Ella era una leona. Él quería hablarle. Para ello, se acerca a ella (a su cuello), y corre con delicadeza los cabellos que caían sobre la oreja de ella con las puntas de sus dedos. Nunca terminaba de correrle los cabellos que tapaban el oído de la leona. Pero no importaba, a cada desplazamiento sutil, se desprendían motas de su aroma. Ella era una leona. Con olor a jazmín. Sintiendo una presencia, la muchacha hace un ademán cómo espantándose un insecto sin mirar en la dirección de él. Jamás escuchó lo que tenía él para decirle. Pero a éste no le importó: ya traía sus musas consigo.

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