Cultura e industria cultural en el Arte de hoy: Gabo Ferro

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Gabo presenta en todo su arte, en todos sus discos, en sus letras, en sus entrevistas, en su manera de editarlos, de “sacarlos” a la venta, (de forma independiente, y a veces hasta sin sellos de ninguna discográfica), presenta la simpleza del arte, hecho sin mucho ornamento más que la propia sensibilidad, lo importante entonces son en él, los instrumentos, la propia música, la composición desmedida (en cuanto que no frena a esperar el tiempo del mercado, el tiempo de la circulación de un disco que intenta ser comercio, Gabo Ferro está muy lejos de esto), lo importante no es entonces la propia venta del disco, sino mas bien la música que en él se produce, la sensibilidad, lo que el artista hace con cada composición, con cada nota, con cada letra que luego se transforma en palabra y más tarde en melodía… y un poco más lejos entonces ya está siendo algo que traspasa la piel y que hace un vuelco – si se quiere – en quien decide comprender esta manera de sentir verdaderamente algo que golpea la puerta del cuerpo y sin esperar respuesta entra y electriza generando continuos vuelcos de sensaciones que desde nuestro punto de vista, – si no son perfectas, se asemejan muy de cerca a eso. Y deja muy de lado (queda muy claro esto), toda la cuestión del mercado de la música y permite que prevalezca lo único verdaderamente importante en un artista, (en un verdadero artista), lo único importante aquí es el Arte, y no otra cosa.

Todo esto rompe en cierta forma con la industria cultural actual y su reproducción técnica de la que ya han hablado, discutido y criticado varios autores desde un punto de vista no del todo negativo, pero en parte presentado de esa forma, aunque en realidad no vendría a ser negativa su postura, sino mas bien realista, ya que si uno mismo ve el mercado de hoy en tanto del arte como de cualquier otra mercancía, todo suele quedar un poco lejos de las manos del hombre, de la piel que genera algo, de los hilos internos de un ser que en algún punto del espacio y del tiempo se ha parado y ha dicho “esto es lo que haré”, o no ha dicho nada y simplemente lo ha hecho.
Estos autores son básicamente Walter Benjamin, Adorno y Horkheimer, quienes toman para su análisis la industria cultural y su múltiple reproducción que en palabras de Benjamin dejan que se pierda el “aquí y ahora”, el “aura” de un producto que en su concepción originaria es donde esto puede hallarse, y luego en la explosión de la venta, de la distribución, se pierde esto que vamos a llamar el “entero” y entonces sólo pueden verse y recibirse tan sólo fragmentos o piezas dispersadas, y que claro está que si el receptor no tiene completa voluntad de captación no llegará a estar ni cerca del arte que el artista intenta producir.

“Se ha establecido un patrón de producción que apunta a instalar
por un determinado período de tiempo un solo arte,
una sola imagen plástica, una sola música, en definitiva,
una sola canción que, lejos de resultar democratizante,
resulta anuladora de identidades”.
Marx y Engels

El gran problema, o la gran cuestión recae sobre todo sobre la obra de arte reproducida técnicamente en miles de copias, perdiendo así su propia autenticidad. Y por otro lado la inevitable influencia de los medios de comunicación actuales que reproducen y reproducen sin cesar ciertas visiones de la vida que debería tornarse cotidiana, pero que sin embargo en muchos casos no lo es, permitiendo llegar al público con sus propias -si se quiere- imposiciones. Horkheimer y Adorno: “Por el momento la técnica de la industria cultural ha llegado sólo a la igualación y a la producción en serie, sacrificando aquello por lo cual la lógica de la obra se distinguía de la del sistema social”, es así entonces que estos autores según interpretación personal, consideran que la reproducción de la obra de arte deja de lado lo que la obra en sí misma le daba la calidad propia de una obra de arte, es decir, su autenticidad, su “unicidad”. Luego ellos se refieren constantemente a la industria cinematográfica y a su divulgación que logra abarcar una cantidad elevada de público de diversas clases sociales imponiendo o marcando una ruta que debe de ser seguida en la vida diaria. Toman para su crítica una postura un tanto negativa de la cultura de masas en tanto que ya no se diferencian las obras como únicas y originales sino que más bien es algo que está siendo abarcado por una única vía de representación. La reproducción en serie de un original lleva así un modelo de productos standard, sin mucho reclamo opositor por parte del público que ya ha estado acostumbrado a recibir ciertos modelos de cultura (que claro está que con respecto a esto podríamos entonces preguntarnos qué es lo que es la cultura, y en qué momento deja de serlo). Otra de sus aportaciones con respecto al arte cinético es el hecho de la pérdida del individuo como ser pensante o reaccionario frente a la pantalla en donde las imágenes se suceden una detrás de otra sin mucho tiempo ni espacio para la aceptación o el rechazo por parte del sujeto receptor. Según ellos entonces la industria cultural lleva inevitablemente a la pérdida del individuo en cuanto tal, tomándolos como seres dispersos que no hallan un camino vaciado de esta violencia cultural que rodea absolutamente cada espacio personal, sin aparente salida mientras se permanezca dentro de una colectividad.

En el arte de Ferro se puede notar una cierta oposición a esto de lo que hablan los autores, ya desde la producción de sus discos donde se maneja dentro de la autogestión, los primeros han sido editados con el sello de la banda de Ariel Minimal “Pez”, y el cuarto sin ningún sello siquiera. A su vez en una entrevista le han preguntado sobre el porqué de la edición de un disco por año, mientras que se sabe que el ritmo del mercado de la música en cuanto a su difusión es un tanto más lento, y él ha respondido que no es eso lo que interesa, sino más bien el hecho de hacer música, eso es lo único “trascendente”, dice Gabo.

“Cuando le griten niño costurera
dirá que nada importa si estamos enteros
Niño costurera, niña carpintero”.
G. Ferro

La mayor parte de sus presentaciones son de un modo intimista, ya que no hay mucho más que un par de luces, los instrumentos, la voz, él y la gente. Gabo intenta no quebrar con lo que Benjamin llamó “aura”. El “aquí y ahora” del arte en Ferro intenta estar presente continuamente, por eso sus tantas grabaciones en vivo, y su rechazo al estudio de grabación, en donde todo se arregla con un par de botoncitos mágicos, al músico le interesa eso que él llama documental, es decir, los errores, las fallas, las voces, las risas, los detalles. En cada una de sus melodías, y hasta en su voz misma puede sentirse ese toque que no es para nada automatizado, o por lo menos intenta quedar lejos de eso. Intenta alejarse de lo que justamente los autores critican a la industria cultural en cuanto a la música pre-hecha, o mejor sería decir, en lo que un músico debería centrarse para lograr la venta rápida de sus discos, (esto incluiría alta publicidad, letras un tanto ya aceptadas por el público masivo que ya se ha acostumbrado a recibir ciertos modelos de estilos, cierto arte generado dentro de un propio género, siempre sin salirse de ello). Gabo: “generalmente el músico se refiere siempre a los mismos temas o habla sobre los temas que tienen que ver con la estética sonora del género, por ejemplo, si es rock barrial, se hablará de la esquina y la birra, si es metal, será sobre hadas y magos”. En sus letras todo se sale del lugar previsto, de lo que parecería ser el único lugar dentro del cuál debería moverse un músico, sus letras rompen con la manera simplista de tomar los temas sin profundidad, sin verdad. Habla sobre las cuestiones de géneros, en “La cabeza de la novia cayó sin su velo” se refiere al amor entre dos mujeres, un tema que hoy mismo todavía permanece un tanto apartado; en “Costurera y Carpintero” rompe con el lugar del hombre y el lugar de la mujer que supuestamente deberían ser ocupados sin protestas dentro de cualquier sociedad, de lo permitido dentro de los límites impuestos por el propio sexo.

El la tapa del disco puede verse en cierta manera una especie de manifiesto que el artista proclama contra lo que debe ser un disco por ser tal. No es una imagen como comúnmente estamos acostumbrados a ver, sino un texto, y un texto particular, una cita del manifiesto comunista en donde cita a Marx y Engels, es un rechazo a la imposición del deber ser, de lo permitido y lo no permitido dentro de un género y sus estereotipos, es un manifiesto contra lo lógico de una tapa de un disco musical.

“Un disco son canciones, un disco es música,
lo demás es agua que se evapora en el aire”.
Marx y Engels.
“Mover no una pieza, no un fragmento,
no eres de nadie si no hay entero en que se parte todo”.
Flopa Lestani.

Ya ha dicho Benjamin que la obra de arte siempre ha sido susceptible de reproducción, pero una reproducción nunca puede serlo completamente, es decir, siempre va a faltar el espacio y el momento en que es concebida, en que es creada, eso es el “aura”, la lejanía que está siempre lejos aunque se permanezca muy cerca, y esto es imposible de reproducir, más allá de la gran cantidad de máquinas, de instrumentos, esto queda fuera de las posibilidades de la industria cultural siempre, ayer, hoy y mañana lo estará también.
Lo que podríamos llamar entero, es la obra original, la obra completa, con sus ruidos (a manera metafórica de decirlo), sus caídas, sus golpes, sus errores, su simpleza, su verdad.
La reproducción logra, como lo dijo Benjamin, llegar a lugares impensados, y tiene posibilidad de deformar en cierta medida la obra original, darnos otros nuevos puntos de vista, permitir al receptor una nueva mirada que no puede ser captada por el simple ojo humano. El autor lo toma desde el lado de la industria cinematográfica, en donde pueden retardarse las escenas, acelerarse, editar todo tipo de “errores”, generar efectos agregados, en fin, mirar el arte desde un lugar no pensado para ser posible dentro de la cotidianeidad del ser humano. Esta reproducción podrá darnos muchas nuevas formas de ver pero no podrá darnos el entero de la obra original.

Gabo nos invita con su música a la máxima captación de su magia, a atrapar la mayor cantidad posible de esos fragmentos, en sus recitales intenta mostrarse íntegro, sin desperdicio de notas, sin que nada se lleve la esencia que de él mismo parte, quiere golpear al público con su voz y que no se distinga entonces entre músico, instrumentos y público. Cuando el disco llega a nuestra casa o a nuestra habitación entonces algo habremos rescatado, podremos sonreírnos solos o compartirlo, pero faltará siempre, inevitablemente, la presencia de Gabo y la magia del momento y el aire que abarca todo sin dejar espacio de escape, ninguna válvula de vapor, ninguna huida de canción.

Estamos dentro de un tiempo actual, recargados de sobrecargas, con alta contaminación visual, ruidos molestos en las calles, todo tipo de panfletos que nos llegan como si llovieran publicidades; en fin, estamos inmersos -queramos o no- bajo el influjo de la industria reproductiva de todo tipo. Así es como transcurren nuestras horas, nuestros días atrapados en algo que abarca demasiado y donde para encontrar arte como el de Ferro hay que indagar un poco entre cosas medio en el fondo de todo.

“Mi vida es un vestido descuidado. Nunca muy de moda… nunca muy usado”

.Natalí Yager

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